REMOVER CONCEPTOS, AJUSTAR LAS CIFRAS
Entre las transformaciones más significativas que ha sufrido durante estos últimos 50 años, la familia cubana se encuentra, sin lugar a dudas, el incremento del número de núcleos con jefatura femenina. El hecho es asociado a diferentes causales que van desde los cambios socio culturales y económicos a que se han enfrentado las mujeres de esta isla como la incorporación al trabajo remunerado, lo cual ha traído aparejado su independencia económica; hasta otros de corte más demográfico como el creciente envejecimiento de la población cubana y las cifras de sobrevivencia femenina.
Todo ello ha provocado cambios y reajustes en al ámbito familiar, imposibles de dejar de notar. Sin embargo, soy del criterio que no siempre es totalmente reconocido el hecho de que sean las mujeres quienes aparezcan en las estadísticas como jefas de hogar.
En mi casa mando yo
Cuando se pregunta acerca de la figura del “jefe” de núcleo familiar, generalmente la mirada se vuelve sobre la persona que económicamente reporta más al patrimonio hogareño. De ahí que en estos momentos ya constituya un mito el pensar como único jefe de núcleo al hombre, en las casas donde conviven ambos miembros de la pareja, pues es común encontrar mujeres que ganan más que sus maridos.
Por otra parte, también es considerado como “jefe” a quien toma decisiones y administra los recursos de un grupo. En ese caso, aun cuando el hombre sea quien reporta más al presupuesto, la administración del mismo y la toma de decisiones de su utilización, ya sea por tradiciones y rezagos, o por otro motivo, recae, en líneas generales, en la figura femenina.
En Cuba hay otros conceptos que también apuntan a definir quién capitanea a la familia como son: la persona que está declarada como tal en la “libreta de abastecimientos” -casi siempre la persona más vieja de la casa- o el que aparece como titular en la Propiedad de la Vivienda, aunque estos nombramientos constituyan solo formalidades.
A todo esto se suma el incremento de hogares monoparentales donde residen solamente la madre con su o sus hijos, debido a causas como las separaciones, los divorcios, la viudez o por decisión personal, y por lo tanto recae sobre ellas totalmente la dirección filial.
Otro mito a desterrar -al menos en el caso cubano- lo es también la tendencia a considerar, de manera general, los hogares con jefatura femenina como especialmente vulnerables . Está demostrado que la mayoría no son para nada los más pobres y desposeídos, dado el alcance que ha logrado la inserción de las cubanas en el ámbito laboral de la Isla y el cambio radical operado en la vida y el pensamiento femenino.
Precisamente es la menor dependencia económica de las mujeres lo que, entre otros aspectos, ha disparado las cifras de divorcialidad, ante la existencia de relaciones coyugales insatisfactorias.
Aun cuando los nuevos tiempos hayan provocado cambios en la estructuras de los hogares, en la actualidad continúan siendo las mujeres, “las cuidadoras por excelencia”, (niños, ancianos, enfermos …), lo cual merece una atención especial, pues el nivel de dependencia que se crea hacia la figura femenina, implica también el aumento de la responsabilidad, autoridad y toma de decisiones para las mujeres .
La centralidad que ocupan las cubanas dentro de sus familias, sean en hogares biparentales y por supuesto en los monoparentales donde sean ellas las máximas responsables, hace repensar las variables que se emplean para el estudio.
En el trabajo titulado “La jefatura de hogar en Cuba y América Latina: un acercamiento a las desigualdades regionales y de género”, publicado en los Cuaderno de estudios de población y desarrollo de la Oficina Nacional de Estadísticas de la República de Cuba (Edición de 2009), se plantea: ” Un rasgo de la jefatura femenina que distingue a Cuba del patrón latinoamericano es la alta presencia de cónyuges en los hogares con jefas. Como se mencionó anteriormente, investigaciones precedentes en América Latina han concluido que cuando la mujer está casada o unida, por lo general el hombre es considerado el jefe del hogar. Es por ello que en Cuba resulta muy interesante no sólo el hallazgo de un 43.4 por ciento del total de jefas que declaró estar en unión marital (casadas y unidas), sino además la alta presencia de sus cónyuges en los hogares.
En general, se observó una frecuencia de 0.346 cónyuges hombres por jefe mujer, lo que refleja que en algo más de un tercio de los hogares donde hay jefas, el cónyuge está presente, es decir la jefatura fue reconocida aún en presencia de éste. Este alto reconocimiento de jefatura a mujeres en presencia del cónyuge, seguramente se relaciona con la elevada cifra de jefatura femenina encontrada, en comparación con la que muestran otros contextos latinoamericanos.”
En resumen, considero que habría que revisar cómo se enfoca a los efectos de cifras censales, datos estadísticos y análisis sociodemográficos el tema de la jefatura de hogar, en aras de acercarlos, lo más posible a la realidad que la vida impone y hacer justicia a quienes desde el anonimato asumen toda, o casi toda, la responsabilidad de llevar las riendas del hogar.
Tenemos ante nosotros otro gran desafío: pasar de un modelo de familia de corte patrialcal a otro más simétrico, y para ello, parece ser que la única alternativa de solución es la toma de conciencia.


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